Orchid porque tardaste tanto en venir? es lo que todos nos preguntamos


El viernes 23, Uniclub dejó de ser solo una sala de conciertos para transformarse en un punto de encuentro emocional. Orchid llegó por primera vez a la Argentina, y lo que ocurrió desde el primer acorde hasta el último fue mucho más que un debut: fue la materialización de una espera larguísima, compartida por generaciones distintas, unidas por el mismo pulso.
Desde temprano, el público empezó a ocupar cada rincón del lugar. Había rostros marcados por el paso del tiempo y otros que recién están escribiendo su historia dentro de la escena. La nostalgia flotaba en el aire, pero no como algo melancólico, sino como una fuerza viva, lista para estallar.

La noche comenzó con Mis Sueños Son Tu Adiós, acompañados por una audiencia que claramente los conoce y los sigue. La respuesta fue inmediata y sincera, marcando que el terreno estaba preparado para lo que vendría después.
Luego fue el turno de Cursi No Muere, que subió al escenario con una emoción visible. Para la banda, compartir fecha con Orchid no fue un simple compromiso: fue cumplir un sueño largamente imaginado. Esa felicidad se tradujo en un show intenso, honesto y directo, sostenido por el entusiasmo de estar viviendo un momento único dentro de su propio recorrido.
Uniform apareció en un contexto particular. Con solo el cantante —llevando una férula en el brazo— y el guitarrista sobre el escenario, y el resto de la instrumentación corriendo desde pista, el set se sostuvo desde la actitud y la entrega. Antes de bajar, dejaron flotando la idea de un posible regreso en el futuro, una promesa que el público recibió con aplausos sinceros.
Y entonces llegó Orchid.
Desde el primer segundo quedó claro que no habría tregua. El set fue prolífico, continuo y demoledor, con más de 25 canciones encadenadas sin pausas, construyendo una experiencia intensa que no dio respiro. Temas como “Big Battle”, “Le Désordre, C’est Moi” y “The Action Index” marcaron el arranque con una descarga frontal, cruda y visceral.
La intensidad siguió escalando con “New Jersey vs. Valhalla”, “Anna Karina” y “I Am Nietzsche”, piezas que funcionaron como verdaderos disparadores emocionales, conectando pasado y presente en un mismo grito colectivo. El clima se volvió aún más salvaje con “Tigers” y “None More Black”, donde la comunión entre banda y público alcanzó uno de sus picos más altos.
"Ding Dong Dead”, “New Ideas in Mathematics” y “Eye Gouger” sellaron una seguidilla feroz, dejando al público exhausto, empapado y completamente entregado.
En medio del set, se dio uno de los momentos más recordables de la noche: el cantante señaló a una fan y le pidió que le apuntara directamente los flashes de su cámara a la cara, integrando al público de manera espontánea y visceral al espectáculo. Un gesto mínimo, pero cargado de significado, que resumió el espíritu de cercanía y entrega absoluta.
Orchid no vino a cumplir con una fecha pendiente. Vino a honrar una historia, a devolver años de espera y a reafirmar que su música sigue siendo necesaria.
Desde el primer hasta el último momento, el show fue puro impacto.
Un debut que no se sintió como una presentación, sino como un reencuentro largamente esperado.

Fotos de Facundo di Salvo 
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