18 años duro la espera y si que valió la pena pero primero más de los hives
Esto se puede llegar a hacer demasiado largo, pero vale la pena leerlo. Ustedes desde ese lado y yo desde acá, intentando redactar y ordenar todo lo que fue uno de los mejores shows del año, y eso que recién arranca.
1 de febrero. El regreso más esperado por muchas generaciones. Pasaron 18 años y la espera valió la pena, porque el show que se vivió va a quedar grabado en la retina de muchísimos.
La banda viene dando shows alucinantes alrededor del mundo, presentando una historia sólida sobre un universo que ellos mismos construyeron, con idioma propio incluido: el Keposhka, creado por Gerard Way junto a Nate Piekos (letrista y diseñador ligado al mundo del cómic). En ese relato, Draag aparece como la ciudad que le da a la historia un giro rotundo de dictadura y opresión.
Los fanáticos que vienen siguiendo la gira habrán notado una diferencia clave entre lo que pasó en los shows de afuera y lo que ocurrió en Latinoamérica. Allá hubo fusilamientos; acá hubo rebelión. Un detalle que dice mucho sobre el juego de fronteras, el mensaje y, sobre todo, el rol del público.
Las puertas del estadio se abrieron a las 16 hs. Quien escribe llegó alrededor de las 17 hs, y cabe destacar que había gente haciendo fila desde hacía dos días para poder estar bien adelante. El ingreso estaba bastante controlado: incluso había personal de seguridad en monopatín supervisando que nadie se colara en esas tres cuadras de fila que me tocó hacer.
Una vez pasado el primer chequeo, se podía ver la carpa de merchandising y a una persona entregando las postales que quedaron como un hermoso recuerdo para muchos fanáticos. También fue evidente que varios no llegaron a tener la suya. Un detalle no menor: cada país tenía una imagen distinta representando físicamente a Draag.
La primera banda en abrir la tarde fue Nenagenix, banda argentina que se mostró visiblemente emocionada por compartir escenario con una de las agrupaciones que marcó su camino y su formación musical.
Luego llegó el turno de The Hives, banda que el día anterior había realizado un sideshow completamente agotado en el Teatro Vorterix. Para muchos fue el primer contacto con ellos, y su cantante dio una verdadera clase de carisma y showmanship, conectando de inmediato con todo el estadio. La frase que quedó para la historia —y se volvió meme— fue “ahora más de The Hives”, sumado a la promesa de que, cuando vuelvan, todos los presentes en Huracán están invitados a su próximo show.
Y entonces sí, llegó el momento.
El 1° de febrero, My Chemical Romance volvió a pisar suelo argentino. Y desde el primer segundo quedó claro que no iba a ser solo un recital, sino una experiencia teatral completa. Cada movimiento, cada cambio de clima y cada canción formaron parte de una puesta casi cinematográfica, fiel al espíritu conceptual de la banda.
Cuando MCR salió a escena, el estadio explotó. No hubo que esperar un hit para reaccionar: la gente cantó absolutamente todo, de principio a fin. Canción tras canción, sin pausas, sin fisuras. El público argentino se transformó en un coro gigante que sostuvo la intensidad durante todo el set.
El setlist completo fue un recorrido emocional por la historia de la banda, combinando clásicos infalibles con momentos más oscuros y dramáticos. Y hubo un instante que quedará marcado a fuego para los seguidores más atentos: “To the End” volvió a sonar en vivo después de casi 20 años, un verdadero regalo para los fans de larga data y una muestra de que esta noche no fue una más dentro de la gira.
Otro detalle que llamó la atención fue la cantidad de celulares: hubo muchos menos que en otros países. Mucha gente eligió vivir el momento, cantar, saltar, emocionarse y dejar que el recuerdo quede en la memoria y no solo en la pantalla.
Arriba del escenario, la banda se mostró feliz, cómoda y sorprendida por la respuesta del público. Gerard Way, en particular, no pudo ocultarlo. En medio de la euforia, largó un insulto al aire producto del entusiasmo, de esos que salen cuando la emoción desborda y no hay filtro. Argentina lo tenía así: genuino y conmovido.
En uno de los momentos más humanos de la noche, Gerard contó que estuvo viendo Los Sopranos con su esposa, un comentario simple, cotidiano, que terminó de romper cualquier distancia entre banda y público. No hablaba una figura inalcanzable, sino alguien relajado, disfrutando sinceramente de estar ahí.
El final dejó una sensación clara y compartida: no vuelvan a tardar 18 años. El pedido flotó en el aire, implícito y explícito al mismo tiempo. La conexión fue real, el cariño fue mutuo y el regreso no solo saldó una deuda histórica, sino que confirmó algo indiscutible: My Chemical Romance dio uno de los mejores shows del año, y eso que recién empieza.
Fotos y crónica Pablo Reinante


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