TIAMAT volvió a la Argentina: oscuridad, amor por la música y una noche que resistió al caos

Después de 16 años, TIAMAT volvió a pisar suelo argentino. Y no fue por un disco nuevo, ni por un aniversario redondo, ni por una gira nostálgica armada a medida del marketing. Fue, lisa y llanamente, por amor a la música. En tiempos donde muchas bandas regresan con excusas calculadas, lo de los suecos tuvo otro peso: honestidad, necesidad artística y conexión real.
La historia previa ya anunciaba que nada sería sencillo. El show originalmente pautado en Groove se vio afectado por una serie de situaciones que escaparon a la voluntad de todos. El mismo día estaba programada la presentación de The Black Dahlia Murder junto a Gatecreeper, pero los problemas comenzaron a acumularse: primero la baja de Black Dahlia, luego la de Gatecreeper, que terminaría desistiendo de compartir fecha con TIAMAT para poder realizar un show propio con mayor duración, algo que no podían costear en soledad en el resto de los países del tour.
Así, entre idas, vueltas y decisiones forzadas, Uniclub terminó siendo el refugio de una noche que parecía destinada a no suceder… pero sucedió igual.
Las puertas estaban anunciadas para las 19 hs y, aunque hubo algunas demoras y la sensación de que todo podía extenderse más de lo previsto, la jornada comenzó con Avernal sobre el escenario. La banda presentó parte de su nuevo material dejando algo muy claro: la fuerza sigue intacta. Oscuros, ajustados y con una presencia demoledora, demostraron por qué son un nombre fundamental del metal extremo nacional. Para quien escribe, fue la primera vez viéndolos en vivo, y la conclusión es simple: si tienen la oportunidad de ver a Avernal en directo, no la dejen pasar.
Con el ambiente ya cargado, llegó el turno de TIAMAT. La sala se sumergió en la penumbra y la banda comenzó un recorrido profundo por su historia, apoyándose en clásicos que marcaron generaciones. No fue un show apurado ni frío: fue un ritual.
Uno de los momentos más especiales de la noche llegó con “Phantasma De Luxe”, cuando Johan Edlund apareció utilizando un silbato que imitaba el canto de los pájaros. Un detalle pequeño, pero cargado de simbolismo: ese sonido ambiental, tan propio de los años noventa, transportó a muchos a una época donde la oscuridad se construía con climas, texturas y sensibilidad.

Johan se mostró profundamente conectado con el público, agradecido, cercano. Hubo miradas, palabras sinceras y hasta el gesto de arrodillarse para achicar la distancia con la gente. La respuesta fue total: Uniclub presentó una muy buena convocatoria, demostrando que, pese a los obstáculos, TIAMAT sigue teniendo un público fiel, atento y respetuoso.
No fue una noche perfecta en términos logísticos, pero sí auténtica. De esas que no se repiten igual. Una noche donde el caos previo quedó atrás y lo único que importó fue la música, la oscuridad y ese lazo invisible que une a una banda con quienes la esperaron durante 16 años.

TIAMAT se despidió dejando una sensación espesa en el aire.
Oscuridad que no asfixia.
Sombras que abrigan.
Y la certeza de que, cuando la música es real, siempre encuentra la forma de sobrevivir.

Crónica de Pablo Reinante 
Fotos de Facundo Di Salvo 

Gracias noiseground por la invitación 

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