Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado en La Plata: cuando el ritual volvi贸 a respirar
No fue un recital.
No fue un reencuentro.
No fue una simple transmisi贸n en vivo.
Lo que sucedi贸 en La Plata fue una invocaci贸n colectiva.
Bajo el cielo del Estadio Diego Armando Maradona, con las tribunas colmadas y miles de personas siguiendo la ceremonia desde sus casas a trav茅s de YouTube, Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado encendieron una mecha conocida. Pero esta vez, el fuego no se qued贸 solo en el escenario: se expandi贸, atraves贸 pantallas, cuerpos y memorias.
Desde temprano, el clima fue distinto. Familias enteras, generaciones cruzadas, chicos sobre hombros y adultos con los ojos cargados de historia. La m铆stica ricotera volvi贸 a manifestarse en su forma m谩s pura: la de un pueblo reunido sin necesidad de explicaciones.
La banda hizo lo que sabe hacer: sonar filosa, precisa, poderosa. Pero el verdadero temblor lleg贸 cuando la voz que nunca se fue volvi贸 a hacerse presente.
El Indio Solari apareci贸 sin cuerpo, pero con esp铆ritu absoluto.
Cuando su voz emergi贸 desde las pantallas, el estadio entero contuvo la respiraci贸n. No hubo sorpresa: hubo reconocimiento. Como si todos supi茅ramos que ese momento iba a llegar.
“Nike es la cultura” fue el primer golpe. La se帽al era clara: el Indio estaba ah铆, flotando sobre la multitud.
Con “Tarea fina”, el tiempo se dobl贸. Pasado y presente se abrazaron en una emoci贸n imposible de disimular. Miles cantando con los ojos cerrados, como quien reza.
Lo que ocurri贸 con “Pool, Averna y Papusa” fue directamente hist贸rico. La comuni贸n fue total, sin fisuras.
La m铆stica volvi贸 a elevarse con “Ceremonia durante la tormenta” y “Encuentro con un 谩ngel amateur”, donde la voz de Solari cay贸 sobre La Plata como una bendici贸n el茅ctrica, oscura y hermosa.
Y cuando parec铆a que ya no se pod铆a sentir m谩s, lleg贸 el final como debe ser.
✈️ “Flight 956” y “Jijiji”, otra vez con el Indio, cerrando el c铆rculo. Sellando el pacto eterno entre una banda, su gente y una historia que se niega a morir.
La multitud fue todo.
Fue coro, fue cuerpo, fue memoria.
Cant贸 hasta quedarse sin voz, llor贸 sin pudor, levant贸 los brazos como quien saluda a algo sagrado.
Cuando la noche se termin贸, nadie se fue igual.


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