Cradle of filth en el medio de la tormenta dejo a un Groove conforme


Siendo las 19 hs, las puertas de Groove en Palermo se abrieron para que la gente vaya ingresando. El lugar estaba en penumbras, con la ansiedad creciendo mientras afuera se escuchaban los gritos de los que todavía hacían fila. A las 19:30 sería el turno de la primera banda soporte, Dragonauta, que con su impronta stoner y doom se encargaron de poner a todos en clima. Mucho humo, riffs pesados y esa oscuridad densa que parecía ir preparando el terreno para lo que vendría después.

Con el público ya más apretado contra las vallas, llegaría el turno de Uada, que se manejaron con un misticismo total: todos encapuchados, sin mostrar nunca sus rostros, apenas iluminados desde abajo y con una pantalla que proyectaba una luna menguante. Nada de interacción con la gente, todo lo contrario, buscaban mantener ese aire enigmático y frío, como si no quisieran romper la cuarta pared. El efecto terminó funcionando: el humo, las siluetas y esa luna hicieron que el set pareciera un ritual.

Pasadas las 21 hs llegaría el momento más esperado: Cradle of Filth. Las luces se apagaron y el infierno se encendió con los primeros acordes de To Live Deliciously. El público explotó y Dani Filth salió con esa teatralidad que lo caracteriza, moviéndose como un demonio entre sombras y luces rojas.
El setlist fue un repaso entre clásicos y canciones más recientes: The Forest Whispers My Name, Nymphetamine (Fix) y Her Ghost in the Fog fueron de los más coreados, mientras que en medio se colaron perlas como Malignant Perfection y White Hellebore. El sonido fue denso, opresivo, con esa atmósfera gótica que envuelve a la banda desde siempre.
La particularidad de la noche fue el contexto: todos sabían del quilombo que se había armado unos días antes con la salida de Zoë Federoff, que dejó la banda acusando explotación y maltrato. Su lugar en teclados y coros lo ocupó Kelsey Peters, quien debutó en Buenos Aires con una voz soprano impecable que acompañó a Dani sin desentonar en ningún momento.
Otro dato no menor es que este fue el último show de Marek “Ashok” Šmerda, marido de Zoë, que fue despedido por Dani en medio de toda la polémica. Sobre el escenario se lo vio tocando con garra, aunque con un aire de despedida que seguramente los más atentos supieron captar.

En medio del show también hubo espacio para lo inesperado: uno de los técnicos del staff, con una máscara roja, apareció para hacer voces guturales junto a Dani, arrancando risas y gritos de sorpresa del público. Fue un momento descontracturado dentro de una noche marcada por la tensión.
Cerraron con Death Magick for Adepts y Her Ghost in the Fog, dejando a todos con la garganta rota y la sensación de haber sido parte de un show único, no solo por lo musical sino por el contexto: drama interno, cambios de formación y una presentación que quedará marcada como histórica en Argentina.


Fotos: Facundo Di Salvo
Crónica: Pablo Reinante

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